Vengo de una familia promedio, no era Ricky Rincón, pero teníamos una vida bastante buena. Tuve una niñez envidiable, con una familia feliz, una casa gigante que parecía un bosque, lleno de árboles frutales, una piscina, que es donde pasaba la mayor parte del tiempo y lleno de amigos, ya que teníamos muchas piezas y ellos se quedaban siempre a dormir. Mi casa era como un lugar de vacaciones para nosotros.
Todo bien hasta que mi padre perdió todos sus negocios y los de su familia, se divorciaron con mi madre y quedamos básicamente en nada (gracias a algunos familiares pudimos empezar de nuevo, ya que no habían muchas opciones), por lo que desde muy niño (creo que tenía 14 años) tuve que enfrentar un cambio drástico en mi estilo de vida haciendo distintos trabajos para cumplir mis objetivos y ayudar a mi familia. Fue un largo tiempo, una época muy difícil y determinó el comienzo de tres hechos importantes que han ido construyendo lo que soy hoy.
El instinto de supervivencia
Estaba trabajando como cobrador en una empresa en el periodo de vacaciones, donde tenía que caminar por toda
la ciudad, en uno de los veranos más calientes de la historia. Mi cabeza se reventaba, mis labios estaban secos y. Mi vida no era del todo agradable, mis amigos vacacionando en lugares increíbles y yo trabajando como imbécil por el sueldo mínimo. el traje y corbata estaba mojado en transpiración debido a las interminables caminatas bajo el sol.
Estaba caminando por una de las poblaciones más peligrosas de mi ciudad y el cielo estaba nublado de humo negro debido a la quema de basura que había a unas cuadras más abajo, el calor era insoportable. Siguiendo mi ruta, voy cruzando una calle y se atraviesa un triciclo con tres niños arriba que casi me atropella, si no lo esquivo quizás no estaría escribiendo estas líneas. Eso fue la gota que rebalsó el vaso. Me doy vuelta para perseguirlo y de repente como que el mundo se detuvo y todo quedo en silencio por un momento, todo lo que veía era la cara de una pequeña niña de ojos verdes que me saludaba y sonreía con esa pureza y transparencia que solo los niños tienen… me quede sentado un rato pensando.
“Aprendí que no todo en la vida es tan malo y depende de como ves tú realidad. Esa niña vivía en el infierno y estaba feliz. Me sentí un sobreviviente y que todo esto era una prueba que solo podía ganar”.
Cuando el ego nubla la mente
Ya estaba a punto de terminar la Universidad para obtener mi grado en Negocios, vivía en un departamento al lado de la
playa, hacia los deportes que me gustaban y andaba de fiesta en fiesta casi todos los días. La vida era buena, tenía la novia que siempre había querido, me acuerdo que cuando la vi supe que iba a ser mía, pero básicamente termino conmigo y tuve mi primera desilusión amorosa.
Estaba a un nivel de conciencia bastante egoísta y me escape del mundo yendo a trabajar a un pueblo escondido al sur del país, donde lo único que hacía era trabajar de 09:00 AM a 17:00 PM para después ir a la playa (en ese momento surfeaba) y me quedaba ahí hasta que anocheciera. Era una playa a unos 5 kms del pueblo y siempre estaba vacía.
Todo era muy lindo, pero seguía lleno de rabia y disconformidad, así que un domingo me levanté temprano y me fui de nuevo a la playa. Ese día había marejada y era muy peligroso entrar, pero en ese momento nada importaba mucho. A los 10 minutos que estaba adentro tomo una ola grande, que me pega en la cabeza y quiebra mi tabla dejándome en el fondo con unas corrientes muy fuertes, me las arreglo para salir y quedo tendido en la arena casi vomitando. Muy cansado tomo mi tabla quebrada y me acerco a una casa que había a unos metros de la orilla para buscar ayuda, pero el dueño (pensando que estoy entrando a robar, muy raro por como andaba vestido y todo mojado…pero bueno la gente a veces reacciona mal) me enfrenta tirándome su caballo encima trayendo como resultado una pelea bastante estúpida.
Luego de todo lo que había pasado, tomo mi auto en dirección a mi casa, más enrabiado de lo que había llegado, había sido una pésima mañana, hasta que en el camino de vuelta un niño que vende helados me hace dedo para que lo lleve (muy raro porque era temprano todavía, en un día domingo, sin nadie en la playa, además estaba nublado por lo tanto la venta no sería muy buena), así que paro y le pregunto:
- ¿Dónde vas?
- “Al pueblo, ¿Me llevas?”
- Si, obvio, sube. ¿Cuál es tu nombre?
- “Yanma”, me contesta, ¿Y el tuyo?”
- Francisco, ¿No crees que es un mal día para vender helados?
- “Mmmm no, hoy es un día especial”.
Ahí es cuando pienso ¿Qué tiene de especial?, para mí ha sido horrible, pero no le doy mucha importancia. Además como que me asusta, ya que se veía muy tranquilo, sereno y me miraba directamente a los ojos a través del espejo retrovisor.
- ¿Por qué vendes helados?, no se me ocurrió otra cosa para preguntar.
- “ Porque quiero llevar a mi familia de vacaciones y pagarme la Universidad, quiero aprender a hacer negocios”
- Ah que bueno, es lo mismo que estudio yo y también trabaja como tu cuando era chico.
Yanma solo me mira fijamente a los ojos y sonríe sin decir nada, pero representa un aura de tranquilidad que me hace pensar un momento. De repente me dice:
- “Bueno… déjame acá”
- Pero todavía no hemos llegado al pueblo, le digo.
- “Si, pero acá se ve gente en la playa y podría vender algo”
- Ah bueno, dale, Suerte!
Yanma abre la puerta y mientras salía estira su brazo izquierdo y me pasa un helado que saca desde su caja que llevaba en los brazos.
- No, gracias, véndelo, así ganas más plata para tus vacaciones y estudios. Le dije.
Me queda mirando fijamente y me dice:
- “No, este tiene tu nombre, es tuyo” y se va caminando.
Puede sonar ridículo, pero creo que algo profundo había detrás de todo este día que comenzó como uno de los peores, pero cambió radicalmente mi mirada frente a mi actitud en la vida.
“Yanma me enseño que en la vida hay que ser agradecido de lo que se tiene y que el coraje y la persistencia te mantienen enfocado y consiente de tu realidad. Disfruta el proceso y no seas egoísta.”.
Las señales que no vemos
Estoy trabajando en un empresa multinacional, un buen puesto y bien catalogado dentro de mis superiores. Solo en tres años
he lo grado más ascensos que personas que llevan trabajando 15 años en la compañía. Vivo en el mejor lugar de la ciudad, puedo comprarme lo que quiera y estoy en la cúspide del desarrollo profesional para mi edad (bajo los parámetros típicos del condicionamiento social).
Un fin de semana me tomo un tiempo para descansar y voy a visitar a mi madre al mismo pueblo escondido de hace 5 años atrás. La primera noche que estaba ahí, tuve una experiencia muy interesante, se produjo uno de los mayores terremotos de la historia de mi país, con Tsunami incluido y yo en el medio del epicentro.
Me tocó vivir el miedo, la desesperación y la histeria colectiva que se crea en una situación en que estas lejos de todo, incomunicado, sin servicios básicos y con la comida que solo queda en el refrigerador. En momento así el orden social desaparece y los saqueos son la única oportunidad de alimentarse. No hay agua potable, gasolina para movilizarse, no hay teléfonos, luz, menos internet y los caminos están cortados, donde el pueblo más cercano está a unos 100 kms.
Estas situaciones te ponen a prueba y hay que tomar decisiones difíciles, ya que de un momento a otro todo lo que tienes se esfuma en un par de segundos…así de simple.
La mañana siguiente bajo al pueblo y fue una visión de post guerra. Ayude a gente a salir de sus casas, mojados por la ola que había arrasado unas 4 horas antes. Vi a abuelos embarrados enteros sentados en un la plaza principal, niños en pijama enfriándose por sus ropas húmedas a las 7:00 AM y un par de cuerpos cerca del rio que no se movían. Más tarde me acuerdo de una escena que me marco más todavía. Bajamos con mi madre a ver si podíamos conseguir agua en una noria cerca de un cerro y comida para más tarde. Cuando ella se encuentra con una amiga suya, sentada en una banca con su marido y sus dos hijos
Ella es médico y el Odontólogo, sus dos hijos van a la Universidad más cara de mi país, vivían en una casa soñada al frente del rio (por donde paso la Ola del Tsunami) y tenian dos camionetas gigantes con las que usualmente paseaban por los bosques de la región. Y ahí estaban, con ropas prestadas, sin zapatos y todavía húmedos por lo que había pasado. Mi madre le pregunta:
- ¿Están bien? ¿Cómo salieron?
- “Perdimos todo, no tenemos nada, salimos un poco antes de que la Ola se llevara la casa…vamos a tener que empezar de cero”.
- “Y como lo va a hacer”
- “No lo sé, pero mira, tengo a mi familia al lado y eso es lo más importante”
“Aprendí que la naturaleza nos está dando señales de que nuestro comportamiento con ella no ha sido bueno”. Nuestro enfoque de tener, comprar y estrujar sus recursos debe disminuirse y construir una relación más sana con ella. Todo lo que se tiene puede esfumarse en un segundo, es mejor disfrutar el ahora. A veces perdemos el norte, pero nunca es tarde para recuperarlo”.
Esa es mi historia y los hechos que me han llevado hasta ti.
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